Viernes, 16 de septiembre de 2005
La ministra Narbona, con cara de " no se que hago aquí a estas horas " declaró inaugurado El Serial y marchó con viento fresco. Si alguien me dice que continúe con esto quizá lo haga, si no lo dejamos y aquí no ha pasado nada, señores
CAPÍTULO PRIMERO: Historia de dos ciudades
El sol se alzaba sobre las torres de la catedral como cada amanecer formando una bella estampa que ninguno de los perezosos habitantes de Jaramasez había llegado a ver jamás. Para cuando empezó a verse vida por las calles el sol ya había desayunado leyendo el periódico y estaba eligiendo corbata. Pero si algo caracterizaba aquella mañana era, como bien pensó una cigüeña de la estación, su absoluta normalidad. Hasta las gotas que a medianoche estaban a punto de caer de los grifos esperaron al día para desparramarse contra la pila. Se mirase por donde se mirase, aquella había sido una noche anodina que había derivado en un amanecer sosainas.
Aún no os he hablado de la ciudad, un error grave según la profesora de CIE ( censurado ). Según los numerosos turistas, Jaramasez era una réplica exacta de la ciudad colindante, Segovia. En realidad no tenían nada que ver la una con la otra. Es verdad que los edificios eran idénticos y que se habían fundado en el mismo día, sin embargo había un mundo entre ambas. Allá por el siglo II DC, cuando las lentillas eran aún de piel de búfala, dos hermanos pastores llegaron a las tierras Más Allá de la Sierra. Llevaban unos meses discutiendo acerca de cual de sus ovejas era la más honrada y la cosa terminó a hondazos. La riña les llevó a montar campamentos separados para evitar trifulcas.
Fulgencio De la Hoz, el hermano mayor, era un tipo sobrio. Le gustaba pastorear, predecir la climatología con un dedo y leer novelas de Sánchez Ferlosio. Su hermano Gonzalo era, como si dijésemos, distinto. Su afán por la ciencia le había llevado a experimentar estrafalarias técnicas quirúrgicas con el ganado. Sucedió que su imponente ejército de ovejas cyborg chocó con la moral castiza de los lugareños y fue expulsado junto con su hermano de su pueblo natal. En su éxodo, los hermanos De la Hoz atravesaron las montañas y juraron fundar un pueblo nuevo donde ambos pudieran comer mejillones con gabardina junto a la jet-set.
Pero los años fueron pasando y los hermanos no volvieron a dirigirse la palabra. Aunque apenas había tres campos de fútbol de distancia entre sus campamentos, ambos fueron creciendo de espaldas al otro. Fulgencio fundó Segovia en honor a la primera empresa que editó la Biblia en español, la famosa Segopapel. Gonzalo, en claro choteo a los hábitos literarios de su prójimo, decidió llamar Jarama-es-hez a su población. Más tarde los lugareños lo contraerían en Jaramasez, su nombre final, mientras Chomsky fruncía el ceño al ver los carteles. En estas que se plantaron en el siglo XV y los descendientes vieron como sus campamentos se habían convertido en auténticas ciudades medievales ( muy de moda en la época ). Sendas sagas familiares siempre negaron fijarse en el vecino durante la construcción, pero esto era bastante discutible. De hecho muchos aldeanos pensaban que habían dado con un enorme espejo al llegar a los puestos fronterizos que las separaban.
Lo que en realidad diferenciaba a las ciudades eran sus sistemas de gobierno. Los descendientes de Fulgencio – los Fulgencianos – eran gobernantes rígidos y ordenados. Hicieron crecer a su ciudad dentro de los límites de la coherencia, dando al pueblo alimento y ocio, pero escaqueándoles en educación. Con los siglos Segovia se convirtió en una ciudad bonita y cuidada, con respeto por su pasado, aburrida como un festival de monólogos. Qué duda cabe que los Gonzalistas eran de otro palo. Pasaron cuatrocientos treinta y siete años antes de que se redactara la primera ley en Jaramasez y los ciudadanos la acogieron con tanto alborozo que quemaron al gobernante en benceno salado. La ciudad de Gonzalo tenía serios problemas de higiene, por no mencionar lo que la gente hacía con las mozas jóvenes que se perdían de noche en un callejón.
Negar que hubo roces entre las ciudades hermanas sería una falta de todo. Sin ir más lejos, una tarde del siglo X un vecino de Segovia llegó a la ciudad algo turbado. Se negó a pagar el Impuesto Sobre los Animales Pequeños que No Saben Hablar pero que Queremos ( ISAPNOQUE ) alegando que en Jaramasez no sólo no existía esta tasa sino que se podían ver tigres y leones sin bozal por la plaza, mientras sus dueños echaban tranquilamente la partidita de curling. El alcalde segoviano decidió, para apaciguar la revuelta, nombrar a Jaramasez Ciudad Silvestre del Año y negar la entrada a cualquiera de sus ciudadanos, por aquello de los contagios y tal. Juan Diego de la Hoz, alcalde jaramasezano, respondió a la afrenta con un tímido “ psché “.
Otro de los escándalos diplomáticos coincidió con la llegada de la Santa Inquisición allá por el Renacimiento. Tras una breve toma de contacto de los inquisidores con Jaramasez, un monaguillo le comentó a Torquemada:
- Si nos ponemos a ajusticiar aquí nos quedamos sólos, Don Tomás
Viendo los inquisidores que todavía salían escaldados, decidieron que Segovia pagase el pato, por aquello de no tentar a la turba enfurecida. Tal fue la pira inquisitorial que se montó en la plaza segoviana que durante veinticuatro años nadie supo si el olor a fritanga salía de la plaza o del restaurante Cándido.
En la actualidad las metrópolis convivían en una cierta armonía sólo perturbada por algún comentario de un alcalde en la revista “ Qué me dices ! ” en que acusaba al regente vecino de “ llevar tangas de leopardo y haberse comprado un aparato de esos que dan calambres en la panza porque se cree Iggy Pop “
Para que El Serial continúe, manda un SMS con las palabras “ MUERTE_MERCEDES_MILÁ “ al 5544
Por: Guyb | Nada personal | Comentarios (1) | Referencias (0)
ChEfO | 21-09-2005 00:56:54

